Aplausos y calor, de la mano

Actualizado: septiembre 13, 2014
Torneo Nacional de los Barrios.

Torneo Nacional de los Barrios.

Mazatlán, Sin. Era quizá un clima incómodo, húmedo, intransigente con aquellos que pretendían disfrutar de una fiesta que solo se vive cada 12 meses.

El calor llegó, se esparció en todo el recinto del Instituto Cultural de Occidente y buscó la forma de hacer transpirar a deportistas e invitados especiales. Y lo consiguió. Sí, niños, jóvenes y adultos sudaron pero, lejos de exasperarse, se concentraron en lo que venía: un acto inaugural que el año pasado causó sensación y que en este no podía quedarse atrás.

Inicio. A las 19:30 horas se escuchó a través del sonido que era momento de comenzar el procotolo. Guillermo Osuna, con su voz grave y su limpia dicción, enlistó a las personalidades que conformaban el panel y luego saludó a los futbolistas presentes, quienes ipsofacto soltaron el primer aluvión de aplausos.

Afuera, asomándose por los resquicios del techo del estadio, algunas nubes atestiguaban el evento pero de forma moderada, hasta tímidas, conscientes de que no era momento de interrumpir con uno de sus, últimamente, constantes “llantos”que anegan casi entera la ciudad.

Más abajo, sobre el piso limpio y pintado en verde, decenas de chiquitines y adolescentes escuchan atentos a Osuna y luego aplauden a aquellos personajes que se levantan a saludar desde su silla en el estrado.

Parsimoniosos y sonrientes, se ponen de pie Verdugo, López, Enciso y demás individuos con el mismo resultado: un aplauso cálido y sincero como respuesta del público.

Pero no con todos resultó así, claro que no…

¡Vuelta, vuelta! Las palmas se transformaron en vitores, suspiros, chiflidos y un grito muy particular que caracteriza a los mexicanos: el ¡vuelta, vuelta!
Y es que también estaba en el panel una joven de ojos verdes, figura estilizada y buen porte. Era Alma Guerrero, subdirectora de Turismo en la zona sur.
Ataviada de azul celeste, la ojiverde solo sonrió ante la petición de los jóvenes, quienes insistieron una y otra vez en cuanto ella se levantó, sin que la funcionaria diera su brazo a torcer,

Pero el momento impregnó de bulla el protocolo y así se mantuvo durante los siguientes minutos.

Claro, también hubo seriedad, gallardía y disciplina a prueba de todo de parte de la escolta y banda de guerra de la Escuela Náutica Mercante, cuyos integrantes se presentaron impecables en vestuario y calzado.

Su elegancia era tan marcada como su pasión al cantar el Himno Nacional, la misma pasión que desde ayer se desborda en las distintas canchas futboleras de Mazatlán, gracias a un evento que llegó para quedarse: el Nacional de Los Barrios de EL DEBATE.

 

Miguel Omar Osuna

 

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